Reseña: La guía del caballero para el vicio y la virtud (2017) de Mackenzi Lee

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Autor: Mackenzi Lee
Editorial: V&R Editoras
Páginas: 448
Género: Juvenil, LGTB
ISBN: 978-987-747-321-6
Encuadernación: Tapa blanda
Saga:
Precio: $298.00

 

SInopsis2

A Henry “Monty” Montague no le importa estar lejos del caballero que debería ser. Pero su padre, en un último intento para corregirlo, lo embarca en el Gran Tour por Europa, en espera de que a su regreso se haga cargo del negocio familiar. En ese viaje lo acompañarán Percy, su amigo de toda la vida (y su amor secreto -e imposible-), y Felicity, su hermana.

Frente a este triste escenario, Monty se promete que se periplo será un frenesí hedonista y que coqueteará con Percy de París a Roma. Pero pronto, sus desafortunadas decisiones harán que esta aventura se convierta en una verdadera cacería que lo pondrá a prueba, le develará a una Felicity impensada y terminará provocando que se cuestione todo lo que conoce, incluso su relación con el chico que adora

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Un libro de época escrito en nuestros días con un toque de humor, tocando temas que no solían contar en libros clásicos.

Mackenzi Lee nos trae esta historia tan divertida, llena de aventuras, viajes por Europa, giros inesperados. Escrito en primera persona, me abstengo de decir algo con esto, porque si han leído reseñas mías, sabrán lo que opino respecto a esto.

Monty, nuestro protagonista, es el hijo mayor de una familia respetada y poderosa, acostumbrado a los lujos y ser guapo, podría decirse que su vida es perfecta, pero lo cierto es que eso está muy lejos de ser verdad. Monty no es bueno en los estudios, pero es todo un experto en seducir a jóvenes, mujeres y hombres, a apostar dinero y perder la conciencia con tanto alcohol ingerido. Expulsado de la escuela, tiene más tiempo para vivir una vida de vicios a tope… o eso quería.

En realidad, su padre esta fastidiado de que su hijo le haga pasar vergüenza tras vergüenza y considera que ya es momento que su hijo siente cabeza, se haga cargo del negocio familiar y se case. Por ello, decide darle un ultimátum: después del Gran Tour durante un año por Europa, Monty deberá comportarse de forma correcta; de no hacerlo, quedará fuera de la herencia.

Percy irá de viaje con Percy, su mejor amigo y amor secreto, su hermana Felicity y su odioso cicerone. Pero pronto lo que Monty imagino que sería un viaje lleno de fiestas, apuestas y coquetear con su amigo se transforma en un viaje para visitar museos, fiestas aburridas con gente mayor, cero alcohol y por supuesto, nada de coqueteos. Y eso fastidia a Monty, tanto que no tarda en meterse en problemas y arrastrar a los demás con él.

Su viaje se ve interrumpido y pronto se encuentra escapando con Percy y Felicity, no tarda en descubrir que su hermana, lejos de ser tonta y pasar el día entero leyendo novelas de amor, es una mujer muy diferente, fuerte, inteligente y con deseos de estudiar. Mientras descubre al mismo tiempo un secreto de su amigo Percy y todo su mundo se vuelve patas arriba.

Desorientado, sin dinero, sin saber que hacer o como solucionar sus problemas, se encuentra indefenso y por primera vez, se da cuenta que es un inútil por completo, pero debe aprender rápido de sus errores si quiere regresar a su casa con Percy y Felicity.

Y esto no es todo. La autora aborda temas serios, pero de una forma ligera: con humor, pero sin que eso quite la importancia o la dificultad con que esos temas eran vistos por la sociedad. Por ejemplo, Percy es hijo de alguien de buena cuna, pero su piel es oscura. Esto es porque su padre, en un viaje a Africa, tuvo un amorío con alguien: el resultado fue Percy. Aunque su padre se hizo cargo de él y lo reconoció, eso no impide que el resto de la sociedad lo tratase bien. Constantemente es despreciado por su tono de piel; no toda la gente le sirve porque consideran a la gente de piel oscura como esclavos.

Felicity por otro lado es una mujer, por lógica, se espera que ella vaya a la escuela para señoritas y reciba la educación para ser una buena esposa. La mujer no tiene derecho a estudiar y menos a trabajar.

La autora aborda temas sociales con conocimiento previo a ello, no escribe porque sí, lo transforma y crea una historia fácil de leer, divertida, mágica y para nada aburrida. Les dejo dos extractos sobre lo que investigo de esa época. Hay más temas que explica y se pueden leer al final del libro:

El Gran Tour:

En su definición más simple, el Gran Tour era un viaje a través de las ciudades prominentes de Europa, que realizaban hombres jóvenes de clase media y clase alta, generalmente después de terminar su educación formal. La tradición se fortaleció desde el 1660 al 1840, y suele decirse que fue el nacimiento del turismo moderno.

El objetivo del Tour era doble: en parte, era expandirse culturalmente a través de actividades como perfeccionar habilidades del lenguaje, observar arte, arquitectura y sitios de interés histórico, y socializar con quienes estaban en los escalones superiores de la sociedad, Por otro lado, para enderezar a esos jóvenes mujeriegos, y corregirles la ingesta de alcohol, las fiestas y las apuestas antes de regresar a casa para convertirse en miembros funcionales de la sociedad. Los viajeros hacían el tour bajo la custodia de un guía, llamado cicerone o bear-leader (del inglés “el líder de los osos”, un término que surgió de la práctica desagradable de guiar osos encadenados alrededor de un ring de hostigamiento) y su Tour podía durar desde varios meses a varios años, dependiendo de los recursos financieros. El Gran Tour era un lujo limitado a los hombres ricos, o a aquellos que pudieran hallar un sponsor, y estaba dominado por los ingleses, aunque en el 1800 algunas mujeres jóvenes también hacían el Tour, y las nacionalidades de los viajeros se multiplicó. Algunos estadounidenses incluso atravesaban el océano para hacer el viaje.

Los lugares más comúnmente visitados eran las ciudades consideradas las más importantes a nivel cultural: París, Roma eran las dos obligatorias. Aquellas visitas estaban intercaladas con otras ciudades importantes como Venecia, Turín, Ginebra, Milán, Florencia, Viena, Ámsterdam y Berlín. Pocos de los que hacían en Gran Tour visitaban Grecia o España, dado que se los consideraba países rudos y poco hospitalarios en comparación con las rutas tradicionales del norte. La riqueza de la mayoría de los que hacían el Tour les permitía viajar con estilo (incluso podían trasladarse a través de los Alpes en una litera), aunque el viaje no estaba libre de dificultades y peligros. Las complicaciones que Monty, Percy y Felicity enfrentaron son odas históricamente pertenecientes al período; incluso piratas mediterráneos y los bandidos. Sin embargo, pocos de los que hacían el Gran Tour tenían el infortunio de cruzarse con ambos.

Para más información acerca del Gran Tour, recomiendo ‘The British Abroad: The Grand Tour in the Eighteenthe Century’ de Jeremy Black; ‘The Age of the Grand Tour’ de Anthony Burgess y Francis Haskell y, uno de los registros más precisos de la vida de un joven durante su Gran Tour ‘Los diarios de James Boswell (por quien Monty se hace pasar anacrónicamente, el verdadero James Boswell no nació hasta 1740, pero no pude resistirme a rendirle homenaje a mi fuente primaria favorita).

La cultura Queer

La historia de la sexualidad es difícil de estudiar y aún más difícil es escribir al respecto, porque el concepto de la sexualidad misma es algo moderno. En el siglo XVIII, la población general no habría tenido vocabulario o comprensión de cualquier identidad más allá de cisgénero o heterosexual, e incluso esas dos no eran reconocidas (ni nombradas) porque se asumían como algo universal. La sodomía, el término más formal para la homosexualidad en ese momento, extraído de la Biblia, era una referencia al acto homosexual del sexo en sí mismo en lugar de la atracción o la identidad. Cada país tenía sus propias leyes, pero sobretodo en Europa, la homosexualidad era considerada tanto pecaminosa como ilegal, y se castigaba con multas, encarcelamiento y, a veces, la muerte. Bajo la ley de sodomía era un delito capital en Inglaterra.

Pero a pesar de la ilegalidad, muchas ciudades europeas tenían subculturas queer crecientes, en particular para hombres (las relaciones entre mujeres en esa época están muy poco documentadas y fueron comúnmente menos registradas). Londres en particular tenía más pubs y clubes gay en 1720 que en 1950. Las “Molly houses”, el equivalente del siglo XVIII de los abres gay (‘molly’ es un término arcaico de la jerga inglesa anterior a gay), eran espacios donde los hombres queer podían encontrarse, tener relaciones, travestirse y fingir casarse entre ellos. El más famoso era ‘Mothers Clap’s, (la casa de Margaret Clap en español) en Londres, que fue clausurado en 1726 por una redada. Algunas parejas queer hallaron el modo de tener una vida juntos en las afueras, y algunas incluso eran reconocidas como parejas románticas por su comunidad (para leer más al respecto, sugiero ‘Charity and Sylvia: A Same-Sex Marriage in Early America’ de Rachel Hope Cleves, y los ensayos de Rictor Norton, un historiador cuyo trabajo se centra principalmente en los hombres queer de la historia).

En el siglo XVIII, el concepto de amistad romántica (una relación cercana no sexual entre dos amigos del mismo género que solía incluir tomarse de las manos, abrazarse, besarse y compartir la cama) prosperó. Aunque el término no se acuñó hasta el siglo XX, los historiadores modernos lo utilizan para expresar relaciones cercanas entre personas del mismo género antes de que la homosexualidad existiera como una identidad reconocida. No hay modo de saber cuántas de ellas era parejas queer que ocultaban su relación con el disfraz de la amistad; aunque el concepto es distinto de la homosexualidad, los dos pueden haberse superpuesto. Las relaciones físicas cercanas entre amigos del mismo género como Monty y Percy eran comunes, aunque llevarlo más allá de una amistad habría requerido de secreto y discreción, y en la mayoría de los lugares habría sido inaceptable.

Lo cual trae la pregunta: ¿hubiera sido posible la existencia de una relación romántica a largo plazo entre dos hombres de la clase alta inglesa durante el siglo XVIII? No lo sé. Probablemente no hubieran podido ser abiertos al respecto. Pero a la optimista en mí le gusta creer que el siglo XXI no es la primera vez en la historia en que las personas queer han podido llevar una vida romántica y sexual plena con las personas que aman.

¿Me gustó? Demasiado. Dependiendo desde la perspectiva con que lo leas, puede que la historia la sientas muy positivista hasta cierto punto, esto porque los problemas que surgen se resuelven de una forma rápida; o puede que sientas que es un final ambiguo porque final cerrado, no lo es. También puede que sientas que el final es agridulce: si bien dije que el libro puede ser considerado positivista, eso no implica que al final todo esté resuelto a favor de los protagonistas. Como dije, depende desde la PERSPECTIVA con que lo leas.

¿Lo recomiendo? De verdad vale la pena leer el libro, pero si esperas una historia LGTB dramática e intensa de principio a fin, con escenas subidas de tono y explicitas, lamento decirte que esta no es tu historia. Tampoco esperes que ese tipo de relación se desarrolle rápido porque no, esta historia va lento, enfrentando los problemas que van surgiendo.

extractos2

1.

—Tienes algo peculiar allí abajo.

—¿Dónde? —bajo la mirada. Vaya, mira nada más.

—Ahora, ¿cómo crees que llegó allí? —pregunta Percy con una sonrisa burlona mientras yo me escupo la mano y froto la mancha para quitarla.

—Un caballero sabe guardar secretos.

—¿Fue un caballero?

—Te lo juro por Dios, Per, si lo recordara, te lo diría —bebo otro de jerez directo desde el encantador y lo apoyo sobre el aparador, y por poco no se me cae. Aterriza un poco más fuerte de lo que era mi intención—. Sabes… es una carga.

—¿Qué cosa?

—Ser tan apuesto. Ni un alma puede quitarme las manos de encima.

El ríe con la boca cerrada

—Pobre Monty, ¿qué cruz pesada de llevar.

—¿Cruz? ¿Qué cruz?

—Que todos se enamoren al instante y apasionadamente de ti.

—Bueno, no puedo culparlos. Si yo me conociera, también me enamoraría de mí —y después le dedico una sonrisa que es tan taimada como inocente con unos hoyuelos infantiles tan profundos que uno podría verter té dentro. (Pág. 14-15)

2.

La gran historia de amor entre Percy y no es ni grandiosa ni una verdadera historia de amor, y es trágica solo por su unilateralidad. Tampoco es una roca monolítica que me haya fastidiado desde la infancia, como podría esperarse. Más bien es simplemente la historia de cómo dos personas pueden considerarse mutuamente importantes durante toda la vida y luego, una mañana, sin siquiera quererlo, una de ellas se despierta y descubre que esa importancia se ha magnificado en un deseo repentino e intenso de colocar su lengua dentro de la boca de la otra.

Un deslizarse largo y lento, y después un impacto repentino.

Aunque la historia de Percy y la mía (el recuento sin amor ni tragedia) es eterna. Desde que tengo memoria, Percy ha estado en mi vida. Anduvimos a caballo, fuimos de cacería, tomamos sol y nos rebelamos juntos desde que apenas teníamos edad para caminar; nos peleamos, nos reconciliamos y corrimos desenfrenadamente por el campo. Hemos compartido todas nuestras primeras experiencias: la cálida del primer diente, el primer hueso roto, el primer día de escuela, la primera vez que nos atrajo una muchacha (aunque yo siempre he sido más abierto y más apasionado en mis enamoramientos que Percy). La primera borrachera, cuando estábamos leyendo en la casa del párroco en misa de Pascua y yo me excedí con el vino picado antes de la ceremonia. Estábamos lo suficientemente entonados para ser tan sutiles como una sinfonía.

Incluso mi primer beso, aunque lamentablemente no fue con Percy, lo involucraba a él de un modo indirecto. Había besado a Richard Peele en la fiesta de Navidad de mi padre el año en que cumplí trece y, aunque estaba seguro que fue un beso (en lo que concierne a los primeros), él se arrepintió y les fue con el cuento a sus padres,a los otros muchachos de Cheshire y a cualquiera que quisiera oír que yo era un pervertido y que lo había obligado. Pero era mentira, yo nunca he obligado a nadie a estar conmigo (también me gustaría aclarar que después de esa velada, cada vez que Richard Peele y yo nos acostamos, siempre ha sido porque él así lo ha querido. Yo solo soy una persona bien dispuesta). Mi padre me obligó a pedirles disculpas a los Peele mientras él les daba el discurso de que muchos muchachos hacen tonterías con otros de su edad (discurso que él ha utilizado demasiado a lo largo de los años, aunque la parte que se refiere a la edad se está volviendo cada vez menos pertinente) y después cuando se marcharon, me golpeó de tal manera que se me nubló la visión. (Pág. 32-33)

3.

Versalles es un lugar que parece una fantasía delirante bañada en oro. Atravesamos un salón de cartas y entramos a un pasillo lleno de espejos donde el rey recibe a su corte; cada superficie que no está cubierta con espejos, está bañada en oro o posee un mural de tonos vibrantes. La cera gotea en hilos calientes y pegajosos de los candelabros. La luz es pirita y copos de nieve de color, reflejados a través de los cristales, salpican las paredes.

El grupo pasa a los jardines, el aire está caliente y neblinoso por el polen que se lanza de las flores en estallidos dorados cuando las rozan. Los setos tallados en una colección de formas delinean los senderos, las rosas explotan entre ellos. Las estrellas se sofocan con la luz furiosa que proviene del palacio, y los candelabros que bordean la escalera se reflejan como monedas resplandecientes contra la seda brillante que todos visten. Los invitados caminan por los senderos y debajo del domo abierto en el centro de la orangerie, flores espumosas y orquídeas suaves presionan sus pétalos contra el vidrio como si fueran manos. Las mujeres están metidas dentro de faldas sostenidas por miriñaques que las hacen tan anchas como altas, y el cabello de todas está empolvado, rizado y modelado en una rigidez escultural. Percy y yo somos los únicos hombres que no tienen peluca. (Pág. 61-62)

4.

—¿Quieres saber si me gusta acostarme con tipos?

Frunce el ceño cuando escucha la frase, pero luego dice:

—Es una pregunta válida, dado de que te vi toqueteando a Richard Peele y a Theodosia Fitzroy.

—Ay querida Theodosia, mi muchachita —me desplomo sobre los cojines del sofá—. Todavía estoy desconsolado por haberla perdido —no quiero hablar de esto. En especial con mi hermana menor. Bajé con el único propósito de embriagarme hasta quedarme dormido y evitar este tema, pero Felicity me mira; está esperando una respuesta. Me limpio la boca con la manga; una acción bastante grosera por la que papá me hubiera dado una bofetada en casa—. ¿Por qué importa con quién ando?

—Bueno, una de las dos es ilegal. Y un pecado. Y la otra también es un pecado, si no estás casado con ella.

—¿Vas a darme la lección sobre la fornicación sin la intención de procrear es propia del demonio y un crimen? Creo que lo puedo recitar de memoria.

—Monty…

—Tal vez estoy tratando de procrear con estos tipos, pero no conozco cómo funciona el proceso. Si no me hubieran expulsado de Eton…

—Estás evitando la pregunta.

—¿Cuál era la pregunta?

—¿Te gusta…?

—Claro, soy un sodomita. Bueno, me he acostado con tipos, así que… sí.

Felicity frunce la boca y deseo no haber sido tan directo.

—Si no lo hicieras más, papá no sería tan estricto contigo, ¿sabes?

—Ah, claro, gracias por esa sabiduría de otro mundo. No puedo creer que no lo había pensado yo mismo.

—Solo sugiero…

—No te preocupes.

—Tal vez, él sea menos intenso contigo.

—Bueno, no tengo mucha opción.

—¿En serio? —se cruza de brazos—. ¿No puedes elegir con quién te acuestas?

—No, quiero decir que no puedo elegir con quién tengo ganas de acostarme.

—Claro que sí. La sodomía es un vicio, como el alcohol o el juego.

—No en realidad. Quiero decir, sí, lo disfruto. Pero todos los hombres que beso me atraen. Y las mujeres también.

—Ríe, como si hubiera hecho un chiste. Yo no río.

—La sodomía no tiene nada que ver con la atracción. Es un acto. Un pecado.

—No en mi caso.

—Pero los humanos están hechos para sentir atracción por el sexo opuesto. No por el mismo. Así funciona la naturaleza.

—¿Quieres decir que yo soy antinatural? —cuando no responde, digo—: ¿Alguna vez te ha gustado alguien? (Pág. 207-208)

5.

Algo golpea la puerta del otro lado. Los jarros egipcios saltan en las repisas. Abro la puerta del estudio y salgo volando al corredor. Percy me sigue.

Es obvio de inmediato que cometimos un grave error. Incluso en la luz tenue, veo claramente a Felicity y Dante pegados contra la pared, con los brazos y las manos y las bocas y ab-so-lu-ta-men-te todo encima del otro. Ninguno de los dos parece tener idea de lo que hace, pero los dos lo hacen con entusiasmo.

No sé si quiero volver al estudio y hacer como si no hubiera visto nada o tirarle el té de todas formas, pero luego el pie se me engancha en esa maldita baldosa suelta y me caigo contra la pared. La tetera hace ruido cuando hace un hoyo en el revestimiento. Dante se sobresalta y se choca contra una de las estatuas sin brazos detrás de la puerta, que se mece y cae el suelo de un golpe. Felicity se da vuelta y le pega en la cara a Dante con un largo mechón de pelo que se le ha salido del peinado.

—¿Qué están haciendo? —grita.

—¿Qué estamos haciendo nosotros? —respondo con la voz más aguda de lo que esperaba—. ¿Qué están haciendo ustedes?

—¿Qué te parece que estamos haciendo?

—¡Pensamos que estabas en peligro! —grito. Dante quiere salir corriendo por las escaleras, pero le obstaculizo el paso con mi tetera. Algunas gotas caen en la alfombra—. No te vayas a ninguna parte. Tengo un té muy ácido y Percy tiene una espalda con su placa, así que mantén las manos donde pueda verlas.

Felicity lleva la cabeza atrás.

—Por el amor de Dios.

—Si me permiten… —empieza a decir Dante, pero lo interrumpo.

—Ah, no. Usted no va a decir nada. Usted y Helena son mentirosos y ladrones, y ahora quiere aprovecharse de nosotros de todas las maneras posibles.

—Monty —interrumpe Felicity, pero estoy muy compenetrado para detenerme. Soy la maldita piedra de Sísifo que rueda por la maldita montaña y pretendo aplastar al mentiroso Dante.

—El duque que quiere matarnos le escribe cartas a su hermana, y su padre, resulta, no está muerto, está en la cárcel, así que gracias por esa mentira…

—Monty…

—Y ahora están ¿qué?, ¿manteniéndonos aquí hasta que llegue el momento de cortarnos el pescuezo? Pero no antes de que pudiera jugar un poco al San Jorge con mi hermana.

—Jesús, María y José, Henry Montague, por una vez en la vida, ¡cállate! —dice Felicity a los gritos—. Esto no fue idea de Dante. Fue idea mía. (Pág. 251-252)

sobre2

 Mackenzi Lee es lectora, autora, librera, una fangirl incurable y una muchacha que habla muy rápido. Tiene un MFA de Simmons Collage en Escritura para Niños y Jóvenes. Sus historias cortas han aparecido en Inaccurate Realities, The Friend y The Newport Review. Su primera novela juvenil histórica, This Monstrous Thing, que ganó el PEN – New Engalnd Susan P. Bloom Children´s Book Discovery Award, así como el Emerging Artist Grant de la St. Botolph Club Foundation, se publicó en septiembre de 2015 por Katherine Tegen Books, un sello de Harper Collins.

calific

cuatro libros

 

BookTrailer:

 

 

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