La educación como práctica de la libertad (reseña)

ficha9

Título: Pedagogía del oprimido
Año: 1968

Autor: Paulo Freire
Colaborador (es): Ernani María Fiori (en introducción), Hugo Assmann (en bibliografía)

sinopsis4

Esta edición definitiva de la obra más notable de Paulo Freire pone al alcance de nuevos lectores un material indispensable para entender las posibilidades y las conquistas de la educación popular. Su pedagogía es un método cuya finalidad inmediata es la alfabetización y, en su dimensión más amplia, postula la educación como práctica de la libertad. Las personas, al comenzar a escribir, no copian palabras sino que expresan juicios. Al darles forma escrita adquieren conciencia de su participación en la historia. La teoría de Freire coloca a los sujetos en condiciones de replantarse críticamente las palabras y, así, asumir lúdicamente su condición humana. Para lograrlo, en un régimen en el que más explotados menos enuncian, los oprimidos tienen que entablar una lucha contra los dominadores también en el nivel del lenguaje. Esta es la vía que muestra Pedagogía del Oprimido. Las afirmaciones de Freire se sustentan siempre en situaciones concretas, expresan las reacciones de proletarios urbanos, hombres de clase media y campesinos. En la educación como practica de la libertad, los educadores y educandos inician juntos, como oprimidos, la tarea histórica de liberarse a si mismos y liberar a los opresores. (f: http://www.gandhi.com.mx/pedagogia-del-oprimido) 

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El presente texto que sin duda alguna es impactante en la visión que se tiene de la pedagogía crítica da a conocer postulados importantes por ejemplo, educación bancaria, síntesis cultural, opresor y oprimido (bajo una relación indeterminada e histórica), acción como valor humano, humanización del mundo, intelectualidad y pueblo, cultura y acción, por mencionar algunos. Paulo Freire fue ministro de educación de Brasil (lugar del cual es originario) fue un pensador radicalista que sustentó que en la base de la educación se puede encontrar la transformación de un mundo nuevo, y es que la propia vida del autor estuvo marcada por innumerables sufrimientos que hicieron de su postura (con cada vez más vigencia en esencia por cierto) un valor inconmensurable en lo que respecta a innovación, desarrollo social, político, prácticas educativas, publicidad, rituales educativos, en siglo XXI. La propuesta ha sido criticada, ha sido mal vista e incluso tomada como obtusa, por lo que en la presente reseña (que abordaré por capítulos de la obra) trataré de manifestar algunos de los lineamientos que en lo particular (como licenciado en educación) puedo apreciar:

Capítulo I

¿Para qué una pedagogía del oprimido? la pregunta trata de retar, trata de convertirse en una realidad, trata de manifestar nuestras ausencias y nuestros caprichos, logros y frustraciones, el oprimido puede ser el profesor, podemos ser nosotros, pueden ser políticos, puede ser la comunidad, el «oprimido» es una construcción teórica desde la pedagogía crítica. Resulta esencial el reconocimiento de nosotros mismos, la negación sobre nuestros procesos, logros, capacidades, puesto que lo que se busca es la creación de un hombre nuevo, no uno dentro de la comunidad académica, sino de la realidad en su totalidad.

Existen múltiples contradicciones en el estudio y análisis del opresor y oprimido, pareciese que la realidad tal cual —y que lo llega a reconocer el propio Freire— parece inamovible, las relaciones sistémicas (por ocupar otro término en lugar de burocracia), las formas de producción, las relaciones internacionales, las formas de gobierno, los modelos empresariales, parecen solidificar nodos en la construcción del hombre, de lo que se debe llegar a ser para jugar en el sistema; Freire, valientemente considera que la vivencia cotidiana en la que nos encontramos es proporcional a nuestra capacidad de unión, «la unión hace la fuerza», para Freire (y que en su momento lo ha dicho Giorgio Agamben) nos encontramos a oscuras del saber, el saber práctico, el saber racional, un saber que modifique la estructura por una humana.

Capítulo II

Para Freire (y que de alguna forma ya he insinuado) el hombre se ha estructurado (cual engrane) en las relaciones sociales (de carácter burocrático) de tal forma que un nuevo conocimiento le causa temor. Si bien debo aceptar (como redactor de ésta entrada) mi lectura a Paulo Freire considero que la propuesta por sí misma es necesaria, los tiempos demandan la utilización de todos los sectores de la población, de una movilidad capaz, tenaz, ardua, resultado del esfuerzo colectivo, del saber funcional, de la conjunción de ideas. Todo ésto dicho para expresar lo siguiente “la educación es de carácter bancario, somos un deposito de las organizaciones «humanas»”. La expresión es contundente, el funcionamiento de la educación, a saber, en un país subdesarrollado como en el que me encuentro, es de carácter bancario, somos depositarios de saberes con el mero fin de pertenecer a corto, medio y largo plazo a la voluntad del miedo, de la opresión, de la inquietud, injusticia, odio. La educación pues como lo decía Nelson Mandela es el arma más poderosa para cambiar al mundo. El sistema nos ha rebasado, el dios de este mundo es se llama dinero y al parecer Freire lo tenía muy claro, la posibilidad es creer en el hombre, salvarlo.

Freire considera que estamos atrapados en el miedo, miedo a dejar de ser oprimidos y opresores, es una «dialecticidad» alienante, una cadena de rituales, de prácticas, de tergiversaciones, que ponen en duda la capacidad de ser, de empoderar, de crear, de mejorar nuestro mundo. El miedo limita nuestro mundo, le encadena a una sobrevivencia por la condición histórica semi-determinada.

Freire además ve en el hombre el fin artístico que lo largo de a vida de tal busca llenarle, el asunto de la trascendencia, permanencia, considera que el sistema aprisiona (por decirlo así) el potencial de lo mágico, de lo maravilloso, de la sana convivencia en armonía con el cuerpo (que describe Foucault en un sentido opuesto de análisis institucional), donde quepan las realidades, las bases solidas, el trabajo, el hombre.

Capítulo III

Freire propone el diálogo como método de emancipación ante una cadena de sucesos y hechos que aprisionan, cohíben, la posibilidad creadora, nota en la palabra la fuerza, el ímpetu por la realización de una actividad educativa, una actividad que a la vez es reflejo de un futuro seguro, estable, asegura que es mediante el diálogo (que no es cualquier asunto) la posibilidad de un mejor mañana, una sana convivencia, una zona de sentido entre personas de mundo y del mundo, donde se borren las diferencias de imposición, inquisitivas sobre el modus operandi del día a día, donde sea la educación (tomando en cuenta las interpretaciones fenomenológicas del lenguaje) lo que siente proyectos estatales y nacionales.

Capítulo IV

Muestra dos categorías (I) «antidialogicidad» y (II) «dialogicidad», una sirve a la opinión y otra ala liberación. El fundamento del diálogo no es sino el entrecruzamiento de miradas, perspectivas, entre la comunidad y la transformación del mundo. En cierto momento leí una frase (de la cual no recuerdo el nombre del autor) que es más o menos así “el mundo no está hecho, se está haciendo y nosotros con él” dando a entender el significado que tiene la palabra, su etimología en sí misma, la educación pues como acto de comunicación, es el método freireano hacia la felicidad, la constitución de lo paradigmas sobre siglo XXI.

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  1. La “hominización” no es adaptación: el hombre no se naturaliza, humaniza al mundo. La “hominización” no es sólo un proceso biológico, sino también historia (p. 10).
  2. Pero nadie cobra conciencia separadamente de los demás (p. 12).
  3. La palabra, por ser lugar de encuentro y de reconocimiento de las conciencias, también lo es de reencuentro y de reconocimiento de sí mismo (p. 17)
  4. La educación como práctica de la libertad (p. 20).
  5. Sin embargo, la verdad es que no es la concienciación la que puede conducir al pueblo a “fanatismos destructivos” (p. 22).
  6. Nadie tiene libertad para ser libre, sino que al no ser libre lucha por conseguir su libertad (p. 28)
  7. Cuanto más descubren, las masas populares, la realidad objetiva y desafiadora sobre la cual debe incidir su acción transformadora, tanto más se “insertan” en ella críticamente (p. 34).
  8. Lo importante es que la lucha de los oprimidos se haga para superar la contradicción en que se encuentran; que esta superación sea el surgimiento del hombre nuevo, no ya opresor, no ya oprimido sino hombre liberándose (p.50).
  9. Descubro ahora que no hay mundo sin hombre (p. 63).
  10. Siendo el amor fundamento del diálogo, es también diálogo (p. 72).
  11. Hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa. Hablar del humanismo y negar a los hombres es una mentira (p. 74).
  12. Es que este procedimiento, aunque dialéctico, puesto que los individuos, al analizar una realidad extraña, la comparan con la suya, descubriendo las limitaciones de ésta, no puede proceder a otro, exigible por el estado de inmersión de los individuos: aquel en que, analizando su propia realidad, perciben su percepción anterior, de lo que resulta una nueva percepción de la realidad, percibida en forma distorsionada (p. 99).
  13. La conocida afirmación de Lenin: “Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario (p. 111).
  14. Es por esto por lo que el único modo correcto de pensar, desde el punto de vista de la dominación, es evitar que las masas piensen, vale decir: no pensar con ellas (p. 118).
  15. El mito, por ejemplo, de que el orden opresor es un orden de libertad. De que todos son libres para trabajar donde quieran. Si no les agrada el patrón pueden dejarlo y buscar otro empleo. El mito de que este “orden” respeta los derechos de la persona humana y que, por lo tanto, es digno de todo aprecio. El mito de que todos pueden llegar a ser empresarios siempre que no sean perezosos y, más aún, el mito de que el hombre que vende por las calles, gritando: “dulce de banana y guayaba” es un empresario tanto cuanto lo es el dueño de una gran fábrica. El mito del derecho de todos a la educación cuando, en Latinoamérica, existe un contraste irrisorio entre la totalidad de los alumnos que se matriculan en las escuelas primarias de cada país y aquellos que logran el acceso a las universidades. El mito de la igualdad de clases cuando el “¿sabe usted con quién está hablando?” es aún una pregunta de nuestros días. El mito del heroísmo de las clases opresoras, como guardianas del orden que encarna la “civilización occidental y cristiana”, a la cual defienden de la “barbarie materialista”. El mito de su caridad, de su generosidad, cuando lo que hacen, en cuanto clase, es un mero asistencialismo, que se desdobla en el mito de la falsa ayuda, el cual, a su vez, en el plano de las naciones, mereció una severa crítica de Juan XXIII. El mito de que las elites dominadoras, “en el reconocimiento de sus deberes”, son las promotoras del pueblo, debiendo éste, es un gesto de gratitud, aceptar su palabra y conformarse con ella. El mito de que la rebelión del pueblo es un pecado en contra de Dios. El mito de la propiedad privada como fundamento del desarrollo de la persona humana, en tanto se considere como personas humanas sólo a los opresores. El mito de la dinamicidad de los opresores y el de la pereza y falta de honradez de los oprimidos. El mito de la inferioridad “ontológica” de éstos y el de la superioridad de aquello (p. 126).
  16. De ahí que, si bien todo desarrollo es transformación, no toda transformación es desarrollo (p. 146).
  17. No existe la vida sin la muerte, así como no existe la muerte sin la vida (p. 157).

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Paulo Freire (1921-1997) fue uno de los mayores y más significativos pedagogos del siglo XX. Con su principio del diálogo, enseñó un nuevo camino para la relación entre profesores y alumnos. Sus ideas influenciaron e influencian los procesos democráticos por todo el mundo. Fue el pedagogo de los oprimidos y en su trabajo transmitió la pedagogía de la esperanza. Influyó en las nuevas ideas liberadoras en América Latina y en la teología de la liberación, en las renovaciones pedagógicas europeas y africanas, y su figura es referente constante en la política liberadora y en a educación. Fue emigrante y exilado por razones políticas por causa de las dictaduras. Por mucho tiempo, su domicilio fue el Consejo Mundial de las Iglesias en Ginebra, Suiza. (f: http://www.educomunicacion.es/figuraspedagogia/0_paulo_freire.htm) 

calificación2

3de5

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4 comentarios en “La educación como práctica de la libertad (reseña)

  1. De cierta forma sí… Pero hay que pensar en proyectos más o menos coherentes a que nada tengamos, a parte Freire sabe de lo que ha habla, ha sido ministro de educación y es cabecilla, no se saben los resultados aún, queda apoyar.

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  2. Un placer encontrar esta entrada con este tema educativo. Se trata de un libro que, junto a otros como La Escuela de Barbiana y de la pedagogía de Makarenko nos sirvió a muchos profesores de los que empezábamos en la Enseñanza avanzados los años 70. Su influencia fue grande entre los de mi generación y estoy agradecido a sus aportaciones porque nos hizo concebir un sistema educativo al servicio del educando desde una perspectiva social revolucionaria. Salud.

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  3. Hola, ¿has leído ‘Summerhill’ de Alexander Neill? es un proyecto y pedagogía contemporáneo a lo que mencionas. Lo revolucionario es imprescindible, que bueno que te haya gustado la entrada, traeré más.

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